El Lenguaje Sexista y la Necesidad de Reformas en el Castellano
julio 25, 2010 Dejar un comentario
Hoy en día se ha vuelto bastante común leer o escuchar comentarios acerca del uso del género gramatical en nuestra lengua. Tradicionalmente era socialmente aceptable usar el sustantivo masculino plural para referirse al sustantivo plural mixto (que incluye femenino y masculino en grupo). Por ejemplo solía no haber ningún problema en decir Sociedad de abogados o Gremio de ingenieros. Sin embargo, desde hace más de una década ha surgido un movimiento social en todos los países hispanohablantes – o en países en los que el español es lengua minoritaria – que se opone a este uso.
Es debido a lo anterior que hoy en día se están usando nombres de asociaciones gremiales que incluyen los sustantivos masculinos y femeninos por separado: Sociedad de abogados y abogadas o Gremio de ingenieros e Ingenieras. Otras personas usan oraciones escritas tales como: “ciudadanos argentin@s” o “que se pongan en onda tod@s”.
Para puristas de la lengua estos usos no tienen ninguna justificación, pues dicen que la gente debería de conformarse con usar las reglas gramaticales de uso corriente. Por ello se oponen a cualquier forma de uso que se aparte de las normas establecidas. En el lado opuesto tenemos a las personas o grupos sociales que piensan que debería de haber un cambio que refleje justicia social. Muchos grupos feministas, personas del público en general de mente abierta y progresista, creen que es justo y correcto que se mencione el femenino plural en situaciones como las indicadas arriba.
En castellano el género del sustantivo puede ser de carácter natural o gramatical. De género natural son sustantivos tales como: muchacha, muchacho, muchachos o profesor, profesora, profesores. De género gramatical son sustantivos como: libro, libros, siesta, siestas, tacón, tacones. En el género natural la forma masculina plural se usa también para referirse a un grupo mixto. La carencia de una forma especial para el plural mixto es lo que motiva la inconformidad con el problema de lenguaje que aquí nos ocupa.
Como ya lo he mencionado arriba, los géneros natural y gramatical del sustantivo han sido históricamente aceptados en sus formas actuales; no obstante, el progreso en el pensamiento social que incluye ideas tales como la igualdad entre hombres y mujeres, ha despertado el sentimiento de que no hay igualdad en el lenguaje cuando se tiene que recurrir a formas de uso que parecen dar preferencia al género masculino que en el pensamiento actual ha llegado a significar la preeminencia de esquemas del sexo masculino como el dominante del sexo femenino. Por extraño que les parezca a algunos puristas de la lengua este fenómeno está presente aquí y ahora y no va desaparecer de la noche a la mañana.
Después de un detallado análisis de las estructuras pertinentes al uso del género natural y gramatical en el castellano, podría establecerse que el lenguaje expresado por medio de tales estructuras es o no es sexista dependiendo de la manera en que se enfoque. Un análisis de este tipo es sumamente necesario si se quiere llegar a poseer un conocimiento más definido sobre este tema. Sin embargo, dado a la complejidad para entender todos los recovecos de la gramática o la semántica de la lengua hispana, todavía no se lograría llegar a proveer en una forma clara, todo lo que una persona necesita saber para desenmarañar este asunto.
Tratar por todos los medios de promover un estudio a fondo de las estructuras gramaticales del castellano por parte de la mayoría de hispanos parlantes, como elemento de ilustración general, no podría dar una explicación contundentemente clara a este problema. Para una gran cantidad de los hispanohablantes, todavía estaría presente la percepción de que el habla en su manera de uso actual es sexista y por tanto su lucha contra las estructuras del lenguaje que catalogan como tal se mantendría sin cambio. Porque en el lenguaje son las percepciones del significado amplio de sus estructuras gramaticales las que tienen verdadero valor.
En nuestra era, las formas usadas en el lenguaje diario – ya sean éstas de forma oral o escrita - deben parecer a todos los que las usan, como el reflejo de una justicia social ya adquirida o aún anhelada. De poco sirve tratar de justificar usos gramaticales aprobados por academias o por las capas más influyentes de una sociedad, si por tales usos existe algún sector que se sienta discriminado. El sector que se siente discriminado en este caso no es ninguna minoría. Es la mayoría de mujeres y hombres concientes de este problema en cualquier lugar de habla hispana, que poco a poco están llegando a la conclusión de que un cambio es necesario y urgente.