La riqueza léxica es el factor más importante en cualquier idioma. La lengua castellana a través de su historia se ha nutrido de una inmensa gama de vocablos procedentes de una gran variedad de idiomas.
La semana pasada leí un artículo en elcastellano.org/noticas, relacionado con este mismo tema. En el artículo (escrito por Xoán Salgado de El Correo Gallego) se hace una lista de algunos de los vocablos de origen francés e italiano que han sido adoptados en el pasado por nuestra lengua.
En las últimas décadas ha habido pujantes cambios tecnológicos especialmente en el campo de la informática. Estos cambios han dado como resultado la proliferación de vocablos que proceden de la lengua inglesa, por ser este el idioma en el cual se origina la mayoría del lenguaje usado en la tecnología de la informática. Algunos de estos términos se traducen al castellano: la computadora/ordenador, el ratón, el correo electrónico. Para otros se usan palabras completamente inglesas tales como: blog, Internet, o chip.
Las palabras blog, Internet y chip son ejemplos de cómo estructuras léxicas inventadas en el inglés han sido exitosamente transmitidas al castellano. Resultaría ridículo en sumo grado tratar de traducir a nuestro idioma vocablos que han sido creados con gran esfuerzo intelectual en la mayoría de los casos.
Por otra parte me parece innecesario, por ejemplo, usar palabras tales como click, para referirse a pulsar. No hay razón alguna por la cual la mayor parte de los verbos usados para explicar aspectos tecnológicos, no se puedan o deban traducir al castellano: Para qué decir por ejemplo download, si sabemos que el verbo descargar existe en nuestro idioma.
El uso de neologismos, específicamente en este caso, de anglicismos, es completamente necesario cuando un vocablo no existe en una lengua. Tal es el caso de la inmensa mayoría de términos relacionados con la informática. Todas estas nuevas voces en vez de amenaza a la integridad de la lengua hispana, son un gran aporte a su riqueza léxica.
Los hispanohablantes, en todo caso, somos los más beneficiados al hacer uso de estas nuevas palabras, porque todas ellas tienen un alto valor en cuanto a su utilidad lingüística y económica. Si a lo anterior se agrega que mientras más homogéneo sea el lenguaje internacional de la informática mucho más éxito habrá en cuanto a su contribución al desarrollo económico de los países de la América hispano parlante.
Los neologismos no deberían, en casos innecesarios, sustituir a los vocablos que ya existan en el castellano. Sin embargo, tampoco existe ninguna razón por la cual ellos no puedan contribuir al caudal de sinónimos que caracteriza al léxico de la lengua castellana.
Las palabras nuevas aparte de enriquecer el lenguaje oral y escrito, dan un hálito de frescura y renovación a cualquier lengua. Los nuevos términos del habla – especialmente los neologismos sustantivos sin equivalentes en nuestro idioma – no necesitan de ser temidos o menospreciados, sino de ser aceptados como algo útil para todos los que usamos el castellano.
Por otro lado también hay otras áreas del lenguaje general, relacionado con la tecnología, que necesitan ser estudiadas en detalle antes de juzgarlas a la ligera como barbarismos del lenguaje. Estos usos lingüísticos suelen ser el resultado de la confluencia de dos grandes idiomas – el inglés y el castellano – en sus encuentros con personas que hacen uso de ellos.
¿Por qué hay personas bilingües (inglés-castellano o castellano-inglés) que usan verbos tales como textear o agendar? Dejo esta interrogante para otro post.